

Las bandas pequeñas, son las que dan vida a la escena. Rob Halford
Preguntarse desde cuándo existe el Movimiento Rockero en la ciudad, en el país, específicamente el movimiento Subterráneo o Underground, es sacudir la memoria como en aquellos tiempos la melena que libremente empezaba a crecer paralelamente a los conciertos que se desarrollaban en forma precaria y sin mucho público.
Recurrimos al pasado y, la prehistoria del rock en Ecuador, se marca con el corte hippy sicodélico desarrollado en California a mediados de los sesenta; en Ecuador el rock se hace presente y toma sus raíces en la juventud en esos años. En el puerto principal Guayaquil, gracias a la facilidad de adquirir cosas importadas, la música no fué excepción, ya sea en cassettes, cartuchos o discos de vinilo —éste último venía en tamaños de 7 y 12 pulgadas, aunque hubo algunos audaces productores que sacaron discos de 10, las velocidades con que vienen estos dispositivos es de 45 o 33 revoluciones por minuto— dichos formatos eran llevados por jóvenes adinerados de la época que, en sus viajes, transportaban música para ser celosamente escuchada con sus amistades.

Poco a poco la promoción de esta música hizo que se formara el movimiento de la Nueva Ola, que dió lugar en nuestro país al primer grupo de sicodélica: Los Hippies de Guayaquil, quienes grabaron en disco de vinilo; luego de su disolución formarían el grupo Los Corbets. Otros grupos aparecieron en Guayaquil: Las Ranas, Los Errantes; en Cuenca: Amautas, Tarántulas, Los Cuervos; en Ambato: Los Griegos; en Quito: La Corporación de Venus, The Band, Jaime Guevara, La Tribu, El Banquete de los Mendigos, Bodega, Sueño de Brahma, Sacrificio y Las Hormigas, promocionadas por Radio Uno, Radio Xavier y Radio Musical (estación especializada en rock), esta última presentó a Los Flippers —banda colombiana de rock sicodélico—, en el parque La Carolina (1974), ante el estupor de la sociedad conservadora de la época.
En esos años setenta se presenta en Quito Woodstock, tres días de paz y amor, película que cambiaría la forma de hacer música rockera en ese tiempo, pues la influencia era tan tenaz que Coca Cola organizaba conciertos de rock, ¡qué tal! Hasta mediados de los ochenta, predomina el estilo de Hard Rock de corte británico (Led Zeppelín, Deep Purple, Black Sabbath, Grand Funk) que caracteriza a grandes bandas ecuatorianas como: Mozzarella, Band, Cancervero, Freedom, Friendship, Descontrolados (primera agrupación punk de Ecuador). Dos bandas colombianas nos visitaron para esa época, Ship y Crash (1982). El fin de esta etapa marca el inicio de otra con Tarkus, Narcosis, Luna Llena, Mutación, Metalmorfosis, las cuales introducen un nuevo elemento en su música: el metal.

El rock ya sonaba en contadas emisoras de Quito como Teleonda y Radio Musical; en Ambato Variedades y Colosal; en Latacunga Mundial en Riobamba y 11 de Noviembre; y en Guayaquil la radio Telégrafo. En esa década aparecen en Radio Jet: Unidos por la Fè Metàlica y en Radio Pichincha: Romper Falsos Mitos, programas que cimientan la difusión de material musical y promoción de conciertos; además se lanza la revista Riff Rock, dirigida por el periodista español Locky Pérez.
Sabemos que en las principales ciudades del país existían diversas agrupaciones de rock, unas veces con aspiraciones de aficionados, semiprofesionales y, otras, eminentemente profesionales; todas con orientaciones diversas y variables, dependiendo fundamentalmente del criterio con que los apreciaba la gente de negro.

Casi siempre deseamos éxitos a las nacientes bandas porque, en más de una ocasión, buenas agrupaciones se quedaron a llenar las páginas del anonimato por falta de apoyo, creencia, seguimiento, decepciones, deserciones o, la mayoría de veces, falsos rockeros metidos en una novelería más de sus vidas; en fin, demasiados motivos juntos para no seguir en la movida pero, aun así, incondicionalmente seguimos con el apoyo. Tanto al principio como hoy —entre eternas reflexiones frente a obstáculos como la apoteósica conformidad o enfatizando en la esperanza— apuntamos y buscamos acercamientos hacia valores indiscutibles y necesarios que muchos tratan de reducir a comunes reglas de comportamiento.
La música, más claro el rock y su infinidad de manifestaciones, son vitales e importantes expresiones contemporáneas, un grito de rebeldía contra la hipocresía, la represión policial, la corrupción de la sociedad y los malos gobiernos; siempre atacado con ignorancia y mala fé pero, a pesar de esto, llevamos muchos años impulsando su desarrollo, evolución y difusión; disfrutando de los estridentes sonidos de bajos, baterías y riffs de guitarras o, como decía alguien por ahí, de el fantástico ruido de maestros, un canto a la alegría de vivir… (a mil).
La segunda generación después de la Nueva Ola, nos llegó en forma de Heavy Metal y se inició en Guayaquil, bandas como Blaze, Demolición, Post Mortem, Abraxas, Spectrum, Right, fueron las que en Ecuador, se presentaron con un rock en vivo.

La fuerza con que se oyó este sonido en directo mitificó muy cuestionablemente a ciertas bandas que, apoyadas por la solvencia económica, lograron producir sencillos influenciados por el rock en español que venía fundamentalmente de España, Venezuela, Colombia, México y Argentina; dichas bandas llegaron a consolidarse en ventas y nos dejaron un antecedente de cómo debe hacerse buen rock, ¡claro! en esto incluía el aparataje de comercio, producción y distribución.
La falta de organización a nivel de grandes presentaciones internacionales apagó los ánimos de la flamantes bandas de rock que no encontraban lugares propicios para sus espectáculos ni el arriesgado promotor de estos eventos, lo único que les quedaba era una irremediable pérdida económica, desilusión y pocas ganas de seguir adelante.

Por aquella época apareció Pancho Jaime, la Mamá del Rock, quien significó un muy importante aporte al movimiento pues logró consolidar la joven escena rockera guayaquileña mediante conciertos gratuitos y puso en circulación la revista Rock On, dedicada a la difusión del género. Pero la crítica satírica y degradante de la muy cuestionada política ecuatoriana en pasquines distribuidos a todo nivel lo llevaron a la tumba y, con él, al movimiento rockero que, sin su gestión, no llegó lejos.
Por los años 88 al 89 cierto sector rockero de Ambato trata de revivir el furor de lo que ocurrió en el Guayas, el nacimiento de la banda CRY y la organización, con cierta regularidad, de conciertos fueron los precedentes para seguir en la batalla de expansión del movimiento. Por esos mismos años, en Quito, los conciertos eran organizados por Sacerdotes del Metal que, tras varias decepciones económicas, dejaron el sueño del rock en el año 1990.
Y precisamente en Quito, dadas sus condiciones de ciudad “grande”, se genera la tercera generación de músicos evolucionados de la Nueva Ola, que dio novedades en música, literatura, producción de conciertos, festivales y en la forma de concebir propuestas musicales e ideológicas. El movimiento Underground o Subterráneo de la música metal nace a finales de los ochenta y se consolidó en los inicios de los noventa, una de las formas de promoción eran publicaciones con una estética propia: producciones caseras que no acudían a imprentas o a diseñadores gráficos de fama, sólo bastaba tener una máquina de escribir y fotografías para pegarlas en la matríz del documento a modo de collage, esto era una consigna del lema: Hazlo tu mismo.

Con este lema muchos editores y grupos empezaron a poner en práctica su imaginación y a dar forma a sus proyectos de forma casera, estaban dirigidos al escaso público que se deleitaba de la música. Poco a poco llegan producciones más trabajadas de otros países y en Ecuador se trata de profesionalizar el trabajo. Muchos entran a las aulas universitarias a empaparse con técnicas para perfeccionar sus productos, los músicos ingresan a conservatorios y academias para mejorar sus técnicas, ya sea en el perfeccionamiento de las cuerdas vocales, guitarra, bajo, batería y
El Underground abarca todos los géneros musicales excepto su abuelo el Rock and Roll; los conciertos, en sus inicios, se daban en garajes o galpones pequeños, eran clandestinos y con una infraestructura deficiente.

Para quienes organizaban conciertos y para el público que acudía a éstos, no era importante la fastuosidad del evento sino ver en vivo y en directo a los héroes musicales que se las jugaban todas en locales pequeños —como sedes barriales, ubicadas a lo largo y ancho de Quito, lo cual dió lugar a que andaran errantes por la capital y otras ciudades—. El pésimo sonido, por el desconocimiento total en este aspecto, y la pobre calidad musical fueron factores a mejorar en esos días.

La vecindad con Colombia permitió la gran consolidación de movimientos; la presentación de la primera banda internacional en nuestro país en el año de 1991, Massacre, hizo ganar experiencia en el aspecto técnico, ideológico y organizativo. Las bandas que se unieron con gran fuerza en el Underground ecuatoriano para esas fechas fueron: Notoken (Guayaquil), Chancro Duro, Mortal Decisión, Damaged Skull (Ambato).
Pasada esta etapa de aprendizaje en la organización de conciertos nacieron otras bandas como: Ramera, Raw Meat, Purgatorio, Toxic Slag, Tensión, Putiada General, Krónica Diarrea, Total Death, Necrofobia (Riobamba), Ente, Cry (Ambato), Adipsia, Camisa de Fuerza, Mausoleo, Peste, Susej, Spec, Tocata y Bulla, Kaos, Incarnatus, Fábrica de Caníbales (Guayaquil), entre otros…
Continuará…
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